Él detuvo el auto en el lugar que era habitual, bastante cerca de casa. Miré a los ojos a aquel hombre que llevaba dos años quitándome el sueño, admirando aquel cuello que siempre me había enloquecido… Nuestras miradas se cruzaron y tras el cristal polarizado de su automóvil nos besamos apasionadamente, con esos besos que nos quitaban el aliento. Bajé del auto y caminé a casa. Introduje la llave en el cerrojo de la puerta y mi sonrisa se desdibujó casi al instante cuando la puerta se abrió desde adentro, era mi marido, quien me recibió con un intenso beso.